lunes, 29 de junio de 2020

Tejido Social DSI Parte 2 Gabriela Fiorentini

Doctrina Social de la Iglesia y sus aportes DSI Parte 1 Walter Moreno

Redes vecinales de Solidaridad, ReVeS TNT Social DSI Parte 3 invitación Carlos Bonilla

Homilía XIII Domingo Ordinario. Cardenal Carlos Aguiar Retes Jun 28, Visión contemplativa.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.


“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt. 10, 37-38).

Al escuchar estas palabras de Jesús, sin duda quedamos sorprendidos y hasta desconcertados. ¿Cómo pide Jesús que lo más preciado, por instinto natural y por designio de Dios Creador, como es el amor a los padres y a los hijos, el amor a la familia de sangre, lo dejemos de lado y demos prioridad a seguirlo? Ciertamente no nos pide que dejemos de amarlos, pero sí que debe ser Él y sus enseñanzas nuestro criterio en la toma de decisiones, en nuestra conducta, y en nuestra vida.

La respuesta es muy sencilla, hemos recibido la vida para realizar la voluntad de Dios Padre, y para descubrir esta voluntad ha quedado señalado el camino, en la vida y en las enseñanzas de Jesús, que están en la Sagrada Escritura. Pero mi vida y mis circunstancias, mi época y mis contextos históricos y culturales son tan distintos a los tiempos en que vivió Jesús, ¿cómo podré escuchar y entender a Jesús?

Ciertamente, el seguimiento como buen discípulo de Jesucristo no consiste en repetir su modo de comer, vestir, viajar, e incluso rezar. Consiste en ser oyente de la Palabra de Dios que es Jesucristo encarnado, y que escuchándolo yo descubra, lo que Dios Padre quiere de mí. Al conocer su voluntad debo aceptarla y cumplirla en todas las circunstancias, independientemente de las consecuencias, que serán unas satisfactorias y otras dolorosas, e incluso injustas. Este aprendizaje de priorizar la voluntad del Padre, implica percibir y confiar en el amor que Dios me tiene, en su presencia constante mediante el Espíritu Santo, que me fortalece ante las circunstancias adversas, incluida la misma muerte.

Jesús, inmediatamente después de pedir seguirlo, afirma: El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Es decir, quien pretenda poner de manera prioritaria sus intereses, por encima de la voluntad de Dios Padre, perderá su vida; en cambio, quien proceda como él, buscando siempre llevar a cabo la voluntad del Padre, la salvará; porque Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Ésta es la afirmación contundente de san Pablo en la segunda lectura. “Hermanos: todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del Bautismo, hemos sido incorporados a su muerte… para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva… Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con Él”.

Esta certeza de la resurrección y participación en la vida eterna, es la convicción que sostiene nuestra fe, y la razón para seguir a Jesús y su enseñanza, de priorizar la voluntad de Dios Padre, haciéndola el faro de luz para la toma de mis decisiones en todos los campos de la vida: personal, familiar, eclesial, laboral, profesional, social, o ejerciendo cualquier tipo de autoridad.

Una clave fundamental para aprender a priorizar la voluntad de Dios Padre, es sin duda, aprender a dejarse conducir, y caminar en el misterio de no saber el resultado de mis esfuerzos; y entonces, seré testigo de la acción de Dios en los demás. Como el profeta, que ejerciendo su misión, un matrimonio le ofrece comida y hospedaje, y Eliseo los bendice, y Dios les concede un hijo, que no habían podido engendrar.

Debemos responder a la voz de Dios, que escuchamos en el texto sagrado, procurando el bien del prójimo, de mi comunidad, el bien de los demás. Así, podremos vivir la experiencia de ser conducidos por el Espíritu Santo, y entrar en el Misterio de Dios. ¿Qué significa entrar en el misterio de Dios?

Es el tránsito de la reflexión humana, que ante una injusticia no encuentra respuesta razonable, y ante el fracaso de un esfuerzo sobrehumano que no encuentra un argumento que explique lo sucedido, se encomienda a Dios mediante la oración, y Dios le regala una visión nueva, una comprensión de los hechos, que jamás imaginó, y que permite al orante, adentrarse en el modo como Dios mira y comprende las situaciones dramáticas y dolorosas, que vive el hombre y la humanidad. A esta experiencia la espiritualidad cristiana la ha llamado visión contemplativa.

Esta visión nueva me libera de la frecuente esclavitud de mi pasado que me reclama mis errores, me libera de la tensión constante ante los desafíos presentes, y me ofrece una manera siempre esperanzadora de avizorar el futuro; todo esto porque voy comprendiendo los proyectos de Dios para mí y para el mundo, voy experimentando una y otra vez, que no estoy solo, y voy descubriendo las inesperadas pruebas del amor de Dios.

Entrar en el misterio de Dios y vivir según la nueva visión que Dios me regala, se manifiesta en la constante disposición para asumir las responsabilidades en favor de mi prójimo, en favor de los más necesitados, en la generosidad de compartir los bienes recibidos de Dios, tanto materiales como espirituales, en la capacidad de brindar ayuda en el momento oportuno; pero sobretodo, en la sabiduría para dialogar y acompañar, para comprender y consolar, para transmitir paz y esperanza.

Algunos pensarán al escucharme que esto es para pocos, sin embargo, el plan de Dios, es que sea para todos sus hijos. Por ello, necesitamos dar a conocer a Jesús, y atestiguar con nuestra conducta, lo que creemos y vivimos. En esto consiste evangelizar, no es simplemente adoctrinar, sino enseñar a vivir, guiados por la luz de la fe, confiando en el Dios que me ama.

Aprendamos de María, que entró en el misterio de Dios, aceptó sus propuestas y asumió sus responsabilidades, con absoluta confianza en su amor. Pidámosle que nos cubra con maternal afecto, nos ayude a saber escuchar a su hijo Jesucristo, y nos acompañe a seguirlo.


Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén


https://virgendeguadalupe.org.mx/misas-cardenal/


Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México
Imágenes e información son propiedad de

INBG Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, Derechos Reservados © 2001-2020


miércoles, 24 de junio de 2020

Somos mexicanos. ¿Somos cristianos?

El P. Padre Ernesto María Caro

¿La política y la Fe no deben convivir?

¿Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?

Muchos catolicos hacen caso de las voces que han buscado mantener alejados de la política a los cristianos, asumiendo muchos el erróneo pensamiento de que la Fe es algo para vivirse de los dientes, de la puerta de la casa y del templo para adentro....

Es tiempo de que todos y cada uno de nosotros los mexicanos nos decidamos. Hemos sido llamados, como CRISTIANOS, a ser "Luz y Sal de este mundo".


NO podemos ver como nuestro país se hunde y nosotros permanecer impávidos, siendo que de nosotros dependen las futuras generaciones y nuestra Iglesia. Es tiempo de tomar una firme resolución en nuestra vida.


El P. Padre Ernesto María Caro

Preparación académica:
• Ingeniero Mecánico y Administrador - UANL
• Estudios de Maestría en Administración de Empresas - ITESM

Preparación sacerdotal:
Seminario Arquidiocesano de Monterrey, N.L., México
Fecha de ingreso: 20/08/1983
Fecha de ordenación: 15/08/1991

Otros estudios:
• Licenciado en Espiritualidad - Universidad Gregoriana (Roma, It)
• Doctorado en Mariología - Universidad Marianum (Roma, It) y en el International Marian Research Institute (Dayton, OH - USA)

Actividades eclesiales:
• Miembro del Tribunal Eclesiástico de Monterrey
• Párroco en la Parroquia de la Santa Cruz
• Profesor del Seminario Arquidiocesano de Monterrey
• Exorcista de la Arquidiócesis de Monterrey

Organizaciones apostólicas:
• Fundador y director espiritual de ARXE Instituto, colegio Católico que busca la excelencia académica y la perfección Cristiana (www.arxe.edu.mx).

• Fundador y director espiritual de Vivir en Cristo, movimiento Católico para la formación de familias extendido actualmente en diversas Diócesis de México y de USA (www.vivirencristo.org.mx).

• Fundador y director de Evangelización Activa, Institución dedicada a difundir la palabra de Dios y a Evangelizar utilizando los medios tecnológicos actuales, así como a la formación de los católicos mediante las escuelas en línea (www.evangelizacion.mx).

•Fundador y director espiritual "Hijas de la Visitación de María" vida consagrada, dedicadas, como María, a llevar la alegría del Evangelio a todo el Mundo (https://www.hvm.org.mx).

martes, 23 de junio de 2020

Sé parte. El poder de cada persona. Cáritas La denuncia profética -proclamar las situaciones de injusticia social-

Les compar

Articulo de CARLOS J. GARCÍA
Carlos J. García
del Diario de Ferrol

Los más veteranos seguro que recuerdan aquello de “tres jueves al año brillan más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión”. Aunque ahora tanto la celebración del Corpus (en el Caso de México tradición que se celebra 60 días después de la Semana Santa, específicamente del Domingo de Resurrección, y es en honor al cuerpo y sacrificio de Jesucristo) como la Ascensión, se han pasado al domingo para adaptarnos al calendario laboral y han perdido la importancia social que tenían y pasan muy desapercibidas fuera del ámbito religioso, como debe ser. 

Esta reflexión que no suene nostálgica, al contrario, porque las fiestas religiosas han de ser íntimas y no sociales, aunque a más de uno le duela reconocerlo y le gustarías seguir viendo aquellas carreras militares rindiendo honores al paso de la procesión; aunque, en muchos pueblos y ciudades siguen siendo fiestas de celebración relevante.

De las tres fechas señaladas hay una, la del Corpus, que tiene, o debería, fuera de la importancia religiosa, gran repercusión social: es el día de la Caridad
Es el día en que Cáritas, “brazo armado” de la Iglesia para la puesta en prácticas del Evangelio, presenta su balance anual ante la sociedad, tanto en la parte económica (importante rendir cuentas) como la extensa y completa memoria explicativa del trabajo realizado a lo largo del año y que cada vez sorprende más por su eficacia. En ella se radiografía nuestra realidad como sociedad, que nos hace daño porque nos dice lo que realmente somos; una sociedad que tira hacia adelante (se supone), no mira hacia atrás y deja tiradas en las cunetas a demasiadas personas con la esperanza de recuperar el ritmo de los demás muy rota. 
Una de las obligaciones de la Iglesia Católica, y que Cáritas lo hace diariamente, es la denuncia profética, que no es otra cosa que proclamar  las situaciones de injusticia social (exclusión, marginación; en definitiva pobreza) y plantea soluciones desde el punto de vista del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.   
Siempre defendiendo a la víctima y ayudando a quienes corresponde corregir que tales situaciones dejen de producirse. Es decir, trabajando por lo que es justo. 
Esta pelea por conseguirlo es lo que diferencia a Cáritas y le da un sello de identidad propio y que reconozco que desde siempre ha molestado, y no solo a la sociedad en general porque a nadie le gusta que le enseñen sus vergüenzas. También a una buena parte de una Iglesia absurda que no sabe a donde va ni que pito toca en el concierto de la vida. 
Les animo a visitar su magnífica sede, a que conozcan su trabajo, lean su memoria y en la medida que puedan, la tengan presente. La necesitamos.

domingo, 21 de junio de 2020

La misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe. 21-Jun-2020

Cómo cambiaría nuestra patria, si todos los católicos estuviéramos evangelizados y conociéramos a Jesucristo y al verdadero Dios que nos ha revelado; cómo mejoraría nuestra sociedad si todos los cristianos reconociéramos a Jesucristo delante de los hombres en cualquier situación de nuestra vida.

  • Ésta es la misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe, y es la razón de su permanente presencia entre nosotros. Con el amor que le tenemos y la confianza que nos suscita, pongamos en sus manos nuestro compromiso de evangelizar a México, reconociendo a Jesucristo delante de los hombres.



“A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.
Qué significa reconocer y qué significa negar a Jesucristo. El contexto del pasaje explica la afirmación de Jesús teniendo en cuenta la relación de esta vida terrena con la vida eterna; es decir, quien crea y confiese su fe en Jesucristo aquí en la tierra, Jesús le garantiza que él lo hará entrar a la Casa del Padre; pero quien, habiendo recibido el anuncio de la fe no lo acepta en su tránsito por este mundo, Jesús no intercederá para que entre a la Casa del Padre y participe de la vida eterna.
¿Cómo y en qué forma podemos reconocer a Jesucristo delante de los hombres? Antes de responder a la pregunta es necesario clarificar cuál es el Dios en quien yo creo. Una cosa es creer en Dios y otra es creer en el Dios revelado por Jesucristo. El hombre por instinto está inclinado a reconocer que existe un Dios, que nos ha regalado la vida y la casa común donde vivimos: la tierra. Pero ese Dios cada uno lo va imaginando a la medida de sus necesidades, de sus relaciones, de las tradiciones en que nace y crece, y a partir de sus diversos contextos de vida.
Ese proceso natural e instintivo, lleva a conceptualizar a un Dios a mi imagen, un Dios que voy construyendo a la medida de mis necesidades, y que muchas veces finaliza en un Dios Ídolo, un Dios que no existe, un Dios que a pesar de mis súplicas no interviene, y que genera el desenlace de no creer en ese Dios que edifiqué, y no creer que exista un Dios verdadero; o bien desata la sed de búsqueda del verdadero Dios.
El conocimiento del Dios revelado por Jesucristo desencadena una experiencia distinta, sobretodo cuando asumimos los elementos necesarios para conocerlo. ¿Cuáles son estos elementos? Señalaré 4 que son esenciales. Primero, la necesidad de leer y meditar los Evangelios y conocer las enseñanzas de Jesús, realizada y celebrada en comunidad. Aquí entra la vivencia de los Sacramentos.
Segundo, debo acompañar mi meditación de la Palabra de Dios con la experiencia de formarnos y compartir la vivencia de los valores evangélicos: a partir de cómo han sido nuestras respuestas ante la injusticia, el sufrimiento, la discriminación, la pobreza económica; y cómo he descubierto la intervención de Dios en mi vida.
Tercero, debo compartir la experiencia alcanzada con mis semejantes, que encuentre en el camino de la vida. Una transmisión más de experiencia y de testimonio, que de conceptos; aunque ambos son necesarios y complementarios. Esta es la misión de la Iglesia: ser una comunidad de discípulos, que viven, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Cuarto, los pasos anteriores debo acompañarlos con la oración, una oración que me permita presentarle a Dios mi interior, mi corazón, mis inquietudes, mis luchas, mis dificultades; con la actitud que escuchamos en el Salmo 68: A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí tus ojos. Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
La experiencia de mi oración me llevará a descubrir la manera cómo Dios me acompaña y sostiene, dándome los dones del Espíritu Santo: Temor de Dios, Piedad, Fortaleza, Ciencia, Inteligencia, Sabiduría, y Consejo.
Con este proceso descubriremos al verdadero Dios, revelado por Jesucristo. Precisamente teniendo esta hermosa y consoladora experiencia, no porque todo salga bien, y en todo tengamos éxito y bueno frutos, que ciertamente se darán y debemos agradecer a Dios por ellos; sino porque también tendremos experiencias desgarradoras y dolorosas en la que nos identificaremos con Cristo crucificado. Sin embargo, viviéndolas así, experimentaremos la fortaleza y la paz interior, que serán el mejor signo de que hemos obrado, como Dios Padre lo quería.
El testimonio valiente y sin temor alguno del Profeta Jeremías en la primera lectura es contundente al manifestar su plena confianza en Dios, ante la infidelidad de los supuestos amigos: “Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: ‘Denunciemos a Jeremías, denunciemos al profeta del terror’. Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: ‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él’. Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable.
Una vida así llevada es sin duda la mejor respuesta a la pregunta inicial: ¿Cómo y en qué forma podemos reconocer a Jesucristo delante de los hombres? Hay que ser fieles a Dios, en todas las circunstancias de la vida, por más adversas y trágicas que sean, porque en el momento de nuestro paso de esta vida terrena Él nos reconocerá y nos conducirá a la casa del Padre, donde nos tiene preparada una morada eterna.
Una experiencia así, facilita entender mejor lo afirmado por san Pablo al final de la segunda lectura: Pues si por el pecado de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
Cómo cambiaría nuestra patria, si todos los católicos estuviéramos evangelizados y conociéramos a Jesucristo y al verdadero Dios que nos ha revelado; cómo mejoraría nuestra sociedad si todos los cristianos reconociéramos a Jesucristo delante de los hombres en cualquier situación de nuestra vida.
Ésta es la misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe, y es la razón de su permanente presencia entre nosotros. Con el amor que le tenemos y la confianza que nos suscita, pongamos en sus manos nuestro compromiso de evangelizar a México, reconociendo a Jesucristo delante de los hombres.

Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.
Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.
Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.
Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México. 21-Jun-2020
Basílica de Nuestra Señora Virgen María de Guadalupe

domingo, 14 de junio de 2020

Homilía Domingo XI Ordinario Cardenal Carlos Aguiar De la DSI al Tejido Social

Homilía Domingo XI Ordinario pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

“Si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con Él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación, participando de la vida de su Hijo” (Rom. 5, 10).
Hoy la Palabra de Dios presenta tres temas interrelacionados. La reconciliación: “fuimos reconciliados por Dios Padre por la muerte de su Hijo”. La necesidad de contar con buenos Pastores: “La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. La misión de anunciar el Reino de Dios: “Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos”.
Para que haya reconciliación el camino es el perdón, y para perdonar es necesario el amor. Nadie puede afirmar que ama cuando no ha experimentado el perdón. Por eso, afirma San Pablo de manera contundente: “la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores”. Este es el punto de partida, reconocer y agradecer a Dios su amor, sabiendo que Él me perdona porque me ama.
¿Cómo promover el proceso del perdón para llegar a la reconciliación? Debemos primero distinguir la diferencia entre el resentimiento y el perdón. El resentimiento es generado por una injusticia, por una infidelidad, por un homicidio de un ser querido, por una traición; ante ese acontecimiento inesperado y traumatizante surgen los sentimientos de dolor y de impotencia, de odio y de venganza. Por tanto, el resentimiento se mueve en el campo de la emotividad que ha sido herida, y es muy justificable el rechazo a la persona que provocó el hecho doloroso.
En cambio, el perdón se mueve en el campo de la voluntad, es una decisión racional y espiritual, que asumo, superando mis heridas y mi dolor por lo acontecido, motivado por los valores de la fe, y especialmente por el ejemplo de Jesucristo. Lo cual no quita que mis heridas estén presentes, y que serán sanadas no simplemente por el pasar del tiempo, sino serán más rápidamente curadas por el efecto de perdonar, lo cual me llevará a crecer en mi capacidad de amar, como Dios nos ama.
Cuántos matrimonios se mantendrían fieles y en armonía, si aprendieran a comprenderse, aceptando que no somos perfectos, y que nos equivocamos, aceptando que somos culpables sin tratar de defender a toda costa mis errores con mentiras y falsos testimonios.
Cuántas situaciones de conflicto, drama y dolor injustificado se resolverían si promovemos este proceso. Gracias al perdón y la reconciliación se superarían la rivalidad, el odio, el rencor, o el deseo de venganza. Cuántos ambientes laborales y sociales mejorarían las relaciones humanas y las personas serían más eficaces y solidarias.
Cuántos homicidios se evitarían, si a los delincuentes recluidos se les ofreciera la posibilidad de un acompañamiento de desarrollo humano-espiritual, que los condujera a la recuperación de su propia dignidad; porque solo así reconocerán y respetarán la dignidad de los demás.
Ante tal situación se hace indispensable promover procesos que fortalezcan el tejido social. La fe cristiana y las religiones en general, tenemos la misión de anunciar el Reino de Dios, que consiste en acompañar los procesos de desarrollo humano espiritual, en particular este proceso de educar en la capacidad de perdonar y lograr la reconciliación, para alcanzar la paz social, que tanto anhelamos.
Los Obispos de México en el año 2010, en el documento Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna (No.104), sobre la necesidad de fortalecer el TEJIDO SOCIAL, afirmábamos: La fragmentación social, la frágil cohesión social, el individualismo y la apatía han introducido en distintos ambientes de la convivencia social la ausencia de normas, que tolera que cualquier persona haga lo que le venga en gana, con la certeza de que nadie dirá nada.
Para la promoción del perdón y de la reconciliación es indispensable ser ayudados, y para eso algunos hemos sido llamados al ministerio sacerdotal, es parte importante de la actividad de un buen pastor, que conozca a su comunidad y sepa conducirla.

La responsabilidad de un Buen Pastor, es ayudar a quien se encuentra abatido, desamparado, o agotado, como lo expresa “Jesús al contemplar las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas”. Jesús es consciente de la necesidad de auxiliar a la multitud de personas agobiadas, y por eso recomienda: “Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. No dejemos de orar por las vocaciones sacerdotales, el Papa Francisco nos ha convocado del 4 al 19 de este mes, a una jornada de oración por los sacerdotes. La misión de anunciar el Reino de Dios presente entre nosotros, culmina el proceso iniciado con la experiencia del perdón y reconciliación, acompañado de un buen pastor.
La misión de proclamar el Reino de Dios es más eficaz cuando va acompañada de testimonios de familias y comunidades cristianas, que confirman con su vida, que es factible la reconciliación en todas las dimensiones de la vida social.
Ante los grandes desafíos que afrontamos de la inseguridad y violencia, confiemos en la fe recibida por Jesucristo, quien con su vida nos manifestó a un Dios Padre, que nos ama entrañablemente, crezcamos en la virtud de la esperanza, y vivamos la caridad, que no es otra cosa que corresponder con la asistencia del Espíritu Santo al amor infinito y eterno de Dios Trinidad.
Nuestra Madre, María de Guadalupe así lo vivió, y tiene toda la disposición de ayudarnos a vivirlo también nosotros, para eso vino a nuestras tierras, ella desea un pueblo reconciliado, unido y en paz, por eso, se ha quedado entre nosotros, dejándonos su hermosa y tierna imagen en la tilma de San Juan Diego, prolongando el amor y la misericordia de Dios Padre. Encomendémosle nuestras preocupaciones.
Oración.- 
Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.
Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.
Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.
Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México
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Jornada mundial de la Paz .TOMÁS FERNÁNDEZ

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