miércoles, 30 de diciembre de 2020

Jornada mundial de la Paz .TOMÁS FERNÁNDEZ



Instituida en 1968 por Pablo VI, se celebra mañana la Jornada mundial de la Paz.  Fue y sigue siendo una convocatoria a todos los hombres de buena voluntad, con la pretensión de que todos los años, en el comienzo del calendario civil, sea ella “con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”.

Al decir del papa  Montini en su primer mensaje al respecto, la propuesta de dedicar a la Paz el primer día del año nuevo no intentaba ser calificada  como  exclusivamente religiosa, es decir, católica, sino que quería encontrar la adhesión “de todos los amigos” de la misma y expresarse de formas diversas, correspondientes al carácter particular de cuantos advierten cuán hermosa es la armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de “este primer bien, que es la Paz”. 

El lema para esta jornada 2021 que mañana se celebra es “La cultura del cuidado como camino de paz”; un motivo de reflexión muy en línea con el elegido para 2016: “Vence la indiferencia y conquista la paz”. Hace cinco años, el papa Francisco constataba los males que afligían a la humanidad, entre ellos la indiferencia, e invitaba a llevar a cabo un esfuerzo común para aliviar el sufrimiento de los grupos sociales que consideraba más vulnerables.

Para este 2021 que vamos a estrenar propone, como indico, algo muy similar: derribar la cultura del descarte con el antídoto de la cultura del cuidado como camino de paz para así erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación que suele prevalecer hoy día. 


Y ello en un momento como el presente, caracterizado por la crisis sanitaria del covid-19; un fenómeno multisectorial y mundial -constata Francisco- que agrava otras crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria y causa grandes sufrimientos y penurias. 

Resulta doloroso comprobar -añade- cómo lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción. Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, enseñan “la importancia de hacernos cargo los unos de los otros, y también de la Creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad”.

Después de un minucioso recorrido bíblico y doctrinal sobre el Dios creador como modelo del cuidado, al igual que lo sucedido durante el ministerio de Jesús, el Pontífice se traslada hasta la Iglesia primitiva y recuerda cómo las obras de misericordia, espirituales y corporales, constituían el núcleo del servicio de la caridad. 

A continuación pasa el Papa a la doctrina social de la Iglesia como brújula y fundamento para un rumbo común y lanza una invitación a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado de cara a superar tantas desigualdades como hoy se observan.


https://www.diariodeferrol.com/opinion/tomas-fernandez/jornada-mundial-paz/20201231005043294163.html


La "gramática" del cuidado en la doctrina social de la Iglesia
Estos ejemplos de "caridad activa de tantos testigos luminosos de la fe", escribe el Santo Padre, se reflejan en los principios de la doctrina social de la Iglesia, que ofrecen a todos los hombres de buena voluntad la "gramática" del cuidado:

La promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación

Reflexión COMISION EPISCOPAL DE COLOMBIA

viernes, 13 de noviembre de 2020

A cerca de la verdad

Cuanto razón tenía un hombre de vida contemplativa en el siglo pasado para darnos a conocer sus reflexiones que hoy ponen en evidencia las controversias que se presentan en nuestro tiempo ante problemas actuales que llevan o bien a reprobar o manifestar cierta superioridad o cierto revanchsimo ante posturas que llevan a confrontación o controversia y que como resultado o bien se descalifican o bien se condenan de ambos bandos y el resultado es no buscar la verdad sino maquillar o desprestigiar la verdad, les comparto este texto:
"Todos estamos convencidos de que deseamos la verdad, sobre todo. No tiene eso nada de extraño. Es natural al hombre, como ser inteligente, desear la verdad. (¡Todavía me atrevo a hablar del hombre como «ser inteligente»!). 
Pero, de hecho, lo que deseamos no es tanto la «verdad» cuanto «tener razón». Buscar la pura verdad por sí misma puede que sea natural en nosotros, pero no somos capaces de actuar siempre en este aspecto conforme a nuestra naturaleza. Lo que buscamos no es la pura verdad, sino la verdad parcial que justifica nuestros prejuicios, nuestras limitaciones, nuestros egoísmos. Eso no es «la verdad». Es solo un argumento lo bastante fuerte como para demostrar que «tenemos razón». Y habitualmente nuestro deseo de tener razón está en proporción a nuestra convicción de que algunos otros (quizá todos los demás) no tienen razón.
¿Por qué queremos demostrar que no tienen razón? Porque necesitamos que no la tengan. Pues si no tienen razón y nosotros la tenemos, entonces nuestra mentira se hace verdad: nuestro egoísmo se hace justicia y virtud, nuestra crueldad y lujuria no pueden condenarse decentemente. Podemos descansar tranquilos sobre la ficción que hemos decidido abrazar como «verdad». Lo que deseamos no es la verdad, sino más bien que se demuestre que nuestra mentira «tiene razón», y se vindique nuestra iniquidad como «justa». Eso es lo que hemos hecho para corromper nuestro natural apetito instintivo de verdad."
Thomas Merton (Conjeturas de un espectador culpable). 

P. Arturo Ríos

lunes, 24 de agosto de 2020

Homilía Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar XXI Domingo ordinario, Agosto 23, 2020

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.


Esto dice el Señor a Sebná, mayordomo de palacio: “Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo…llamaré a mi siervo, a Eleacín…le traspasaré tus poderes. Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro. Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá”.

¿Por qué se repite, una y otra vez, los casos como el de este mayordomo Sebná, que denuncia el profeta Isaías para que sea relevado de su cargo? ¿Por qué sucede con tanta frecuencia la corrupción, a quien se le confía una gran responsabilidad?

Sin duda, hay dos factores que determinan la buena gestión de un administrador. Primer factor la preparación, tanto en la formación personal como en la capacitación para desempeñar el oficio, y el segundo factor, la convicción sincera y leal del administrador, expresada públicamente, en la persona que le confía la responsabilidad.

En el Evangelio de hoy, claramente escuchamos que Jesús delega a Pedro su presencia y su autoridad plena para actuar en su nombre al frente de su comunidad de discípulos: “Jesús les preguntó: Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Los dos factores están expresados, en la encomienda que Jesús deja a Pedro, quien como miembro de la comunidad de los 12 discípulos se ha formado escuchando, observando, interrogando, y obedeciendo a su maestro; y a la par, Pedro ha ido asumiendo un liderazgo entre los doce, que Jesús ha confirmado; y el segundo factor lo ha expresado Pedro, al contestar en nombre de sus compañeros, con gran honestidad y verdad, la identidad de Jesús, sin saber que esa respuesta sería la ocasión para recibir la misión de suceder a Jesucristo y actuar en su nombre, cuando el maestro regrese a la casa del Padre.

¡Qué importante es un buen colaborador, cuando tiene que ejercer en nombre de la autoridad una responsabilidad, que afectará para bien o para mal a los subordinados! Pero igualmente es importante la respuesta de los subordinados para que la acción de Dios se manifieste en la Iglesia. Por eso es conveniente, que nosotros los cristianos, con frecuencia, nos cuestionemos preguntándonos: ¿Considero, que mis decisiones y mi conducta las he asumido, subordinándome a la voluntad de Dios? En general, todo creyente quiere conducirse bien, y responder a Dios positivamente, ¿pero, yo acepto la voluntad de Dios, ante quien en su nombre, está ejerciendo una autoridad?

La obediencia a la autoridad constituida en las diferentes instancias de la sociedad sufre actualmente un grave deterioro. Muchas veces y con frecuencia debido a la mala gestión de los administradores. En los distintos niveles de autoridad eclesial, también ha sido una constante histórica la presencia de una mala gestión, que ha repercutido en la disposición de los bautizados para aceptar, de buen grado y confiadamente, la participación y colaboración en las propuestas de renovación, que exigen los tiempos actuales. Debemos reconocer con dolor y arrepentimiento el deterioro de la Obediencia a Dios, que a través de la desobediencia a la respectiva autoridad eclesial, impide la intervención y conducción del Espíritu Santo.

Nuestra inteligencia busca conocer lo que nos conviene, y descubrir lo que impide nuestros proyectos de vida. Luchamos por lograr los pasos que nos conduzcan al cumplimiento de nuestros propósitos. Esta es la lógica humana.

Pero, si impulsados por un individualismo egoísta, nos empeñamos en alcanzar a toda costa nuestras metas, fácilmente dejaremos de lado la ética natural de hacer el bien, y asumiremos el camino fácil y atractivo de justificar o de encubrir los medios injustos y deshonestos con tal de obtener el fin. Así se nubla la razón y perderemos la conciencia del bien, quedando seducidos por nuestro objetivo, seremos arrastrados a practicar el mal, la deshonestidad y la injusticia, causando un gran daño, a quienes nos rodean, y a quienes dependen de nosotros.

En cambio, el camino del creyente es invocar a Dios y confiar en Él, ya que interviene, por caminos insospechados, muchas veces incomprensibles, sorprendentes, inesperados según la lógica humana, debido a que nosotros vemos el presente condicionados por el pasado, y con escasa visión del futuro a largo plazo. En cambio, Dios no está condicionado por el tiempo; el pasado, el presente y el futuro no existen, Él vive en la eternidad todo lo ve, lo conoce y lo orienta, mirando nuestro bien.

Por eso, cuando vivimos una tragedia, un drama, un sufrimiento, una enfermedad que parece no tener fin, limitados por nuestra natural miopía, generada por existir en el tiempo, nos impide avizorar la intervención de Dios, porque la necesitamos ya, y la esperamos como yo la deseo. Sin embargo, es nuestra oportunidad de intensificar nuestra fe y aprender a vivir bajo el misterio, conducidos por el Espíritu Santo, y confiando en la providencia misericordiosa de Dios.

A este propósito comprenderemos mejor, y será una esperanza cierta, lo que afirma San Pablo en la segunda lectura: “¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por Él y todo está orientado hacia Él. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Confiemos en esta verdad y en el amor misericordioso de Dios Padre a sus criaturas, confiemos en la enseñanza de Jesucristo, y pongamos en manos de Nuestra Madre, María de Guadalupe nuestra súplica de imitarla, aceptando como ella, la voluntad del Padre, y diciendo: ¡Hágase en mí según tu Palabra!


Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.


Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México

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sábado, 1 de agosto de 2020

Con miopía y sin freno


En el transcurso de la semana México será el tercer país con mayor número de muertes por causa de la pandemia, sin contar las defunciones que el propio gobierno trata de evitar hablar de ellas... por ahora 43,374 son las personas que se han registrado como víctimas de la pandemia, al corte del sábado del 25 de julio, en voz del propio subsecretario de salud y su método epidemiológico podríamos multiplicarlo por 3 o por 5 o por 10... En realidad les da lo mismo con qué factor se quiera exponenciar la cantidad, como les da lo mismo si se resuelve o no, si se disminuye el número de contagios, si evoluciona en alguna dirección la crisis que vive el país.

Han mentido todos los días a los mexicanos pero nadie puede culpar a otros de las propias decisiones, nadie puede culpar al gobernante si las decisiones la toma cada quien, en su propia circunstancia... pero de las consecuencias de ello sí qué hay personas, instituciones, instancias gubernamentales, políticas públicas que deben de asumir la responsabilidad y desde luego, también las consecuencias.

Al número preliminar de fallecidos por la pandemia, es inevitable agregar las muertes que se derivan por la libre o protegida actuación de los grupos de delincuentes que hasta este fin de semana suman 55000 defunciones... es muy lamentable que conozcamos de estas cifras y siempre nos queda la idea de que son datos preliminares porque los niveles de corrupción de este gobierno los lleva a “traficar” hasta con los datos de la realidad con tal de afectar lo menos posible a las autoridades, de cualquier orden.. Al presidente de México le afecta que se diga la verdad, porque le disminuye la percepción en las encuestas y le afecta su imagen.

Conforme transcurren los meses la economía se deteriora cada día y ahora tenemos el mensaje de que, en agosto vendrá la recuperación económica porque confían en el efecto que producirá la entrega de dinero de los programas de bienestar, los créditos de 25,000 pesos a las micro y pequeñas empresas y las inversiones de infraestructura de los proyectos capricho del presidente. Más mentiras...

Sin embargo estas mentiras,  son la causa del optimismo de las secretarias de trabajo y de economía, precisamente las secretarias que se apresuraron a desmantelar de tecnología a sus respectivas secretarias, quitando los equipos de cómputo a los servidores públicos.

La verdad está, en la batalla de todos los días en las familias por mantener la alimentación y los consumos básicos de su hogar, la verdad está en el día a día de las empresas por no perder a los clientes y lograr un pedido más para salir con los gastos de la semana y poder pagar la nómina antes de despedir más personal o tener que cerrar, es la realidad que enardece a todos.

La verdad está, en ver cómo se disminuyen dramáticamente las reservas monetarias del país, el gobierno corrupto de Peña dejó reservas por 300 mil millones de pesos al final del sexenio, el corrupto de López se ha consumido las reservas y ahora solo queda el 10%, es decir en menos de dos años se ha consumido el 90% de las reservas monetarias y los mexicanos seguimos sin saber en qué se gasta el dinero, solo sabemos que el 80% de los contratos de obras y servicios del gobierno se asignan de manera directa, sin concursos, sin licitaciones, sin transparencia, sin observaciones. Tenemos el gobierno más corrupto de nuestra historia moderna.

Un gobierno miope por perversidad o por defecto produce el mismo efecto de daño en la sociedad, retrasa el desarrollo de todo el país y frustra las aspiraciones de las generaciones de los jóvenes mexicanos que quieren superarse, que quieren desarrollarse en el mundo científico, académico, empresarial, que quieren a su país, que sienten el nombre de México por qué despierta en ellos el amor a la patria.

La crisis económica, sanitaria y política del país parece en una pendiente de bajada y sin freno, toma velocidad en su proceso de descomposición y para todo efecto, el gobierno busca distractores mediáticos para mantener la idea en la mente de los mexicanos de su batalla anticorrupción.

Como explicar que un corrupto tenga como propósito acabar con la corrupción del país... cuando en realidad actúa igual que los de antes, miente igual que los de antes, es uno de los de antes.

Es que no hay que esperar nada de este gobierno corrupto, a cambio de ello es necesario voltear hacia los ciudadanos y pensar que es posible trabajar por una nueva sociedad, donde la dignidad de la persona sea el centro y la acción concertada y procure el común bien de todos, con objetivos urgentes:

1.    Asumir una estrategia que reduzca los contagios en tanto aparecen los medicamentos y las vacunas que eliminen el riesgo de muerte por contagio, en lo que el subsecretario y su equipo sale a tratamiento psiquiátrico.

2.    Mientras que los mexicanos construimos nuevos mecanismos de productividad y nuevos mercados nacionales e internacionales.

3.    En lo que llegan los procesos electorales para elegir autoridades que tengan el compromiso de reducir la delincuencia a su mínima expresión y regresamos a un país con derecho y respeto a las leyes, con orden constitucional y armonía. Difícil pero no imposible.

En este espacio quiero hacer un justo y modesto homenaje a los héroes que exponen su vida todos los días salvando vidas. Muy especialmente a quienes la han entregado.

Gracias por su entrega y por su disposición.

Dios les recompense todo el esfuerzo que hacen.

En la persona del doctor Juan Arturo Aranda Álvarez quiero reconocer a todo el personal de las instituciones de salud que sin pensar en la indolencia de las autoridades, ven como mitigar el sufrimiento de los pacientes y se entregan a salvarles la vida.

Querido Juan, dios ha querido que regreses a su casa común después de entregarte a tus pacientes.

Para mí siempre serás un mártir de la caridad.

Hasta la próxima PROSPECTIVA.

José Gerardo Mosqueda Martínez,

Presidente del Instituto de Administración Pública de Guanajuato 

presidente@iapguanajuato.org, gmg@gerardomosqueda.com.mx

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domingo, 5 de julio de 2020

XIV Domingo Ordinario Julio 5, 2020. De La mansedumbre y la humildad de corazón.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

“Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien”.


 ¿A qué se debe la dificultad que Jesús afirma tienen los sabios e inteligentes, para conocer y aceptar la realidad divina, revelada en su persona y en sus enseñanzas? ¿Cuál es la ventaja que tienen los sencillos, los débiles, los pequeños, los que no cuentan a los ojos del mundo? Para responder esta doble pregunta es conveniente recordar la Bienaventuranza: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, y comprender en qué consiste la pobreza de espíritu.

El ser humano tiene la natural tendencia de desarrollar su inteligencia, sus cualidades, sus habilidades y sus capacidades; y gracias a ese desarrollo se abre camino en la vida, va encontrando el reconocimiento de los demás, y va adquiriendo la autosuficiencia. En una palabra, resuelve sus problemas y asume conciencia de su capacidad para conducir su vida.

En cuanto a su relación con Dios, a medida que crece su desarrollo humano restringirá, la mayoría de las veces sin pretenderlo, la necesidad de acudir a Dios, invocando su ayuda solamente para aquellas cosas que salen de su control; por tanto, creyendo en un Dios, a quien hay que recurrir para pedir milagros.

En este contexto costará enorme trabajo entender en qué consiste la pobreza de espíritu, ya que se corre el riesgo de imaginar a Dios, como el Ser Poderoso, distante y alejado, que deja en libertad de hacer lo que nos venga en gana, aunque al final de la vida, le daremos cuenta de nuestras acciones; lo que será motivación para guardar los mandamientos de la ley de Dios, casi siempre conforme cada uno los interprete. En este camino de distanciamiento entre la acción de Dios y nuestra vida ordinaria, quedamos expuestos a enfriar nuestro corazón y olvidar la vida espiritual, y a dejarnos llevar por las satisfacciones siempre transitorias de la vida terrena.

En la segunda lectura san Pablo recuerda nuestra condición cristiana: Hermanos: ustedes no viven conforme al desorden egoísta del hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes. Sin la vida espiritual irremediablemente perderemos la relación de amor de hijo con Dios Padre, de hermano con Jesucristo, y de amigo con el Espíritu Santo, incluso la relación de criatura limitada y dependiente con quien me ha regalado la vida.

Experimentar en carne propia la fragilidad humana, en cualquier contexto adverso a nuestras expectativas, será una oportunidad para redescubrir nuestra vocación de ser hijos de Dios, y de vivir siempre con plena conciencia, la indispensable relación con el Dios compasivo y misericordioso, revelado por Jesucristo.

Quien descubre la presencia constante de Dios y experimenta la intervención del Espíritu Santo en su vida, comprenderá lo hermoso que es percibirse y relacionarse con Dios con la conciencia de estar ante El, pequeño, limitado, necesitado, como un niño al amparo de sus padres. Esta es la pobreza de espíritu necesaria para entrar y participar del Reino de los Cielos.

Jesús recuerda que las cargas de responsabilidad, el agobio y la fatiga, el cansancio y la tensión constante, son una señal y una oportunidad para buscarlo como Maestro de la Vida: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Aquí Jesús comparte dos cualidades de su ser, que nos ayudarán a entrar y disfrutar del Reino de Dios, ya desde esta vida terrena: La mansedumbre y la humildad de corazón.

La mansedumbre es la cualidad de proceder de manera pacífica y tranquila. Es una cualidad que brinda afabilidad y buen trato. Por tanto, facilita la relación humana grata y benévola, que propicia confianza para un diálogo sincero y franco, sin reservas ni secretos. Transmite paz y hace reposar al espíritu atribulado o angustiado ante cualquier situación de incertidumbre o de desafío estresante.

La segunda característica de Jesús, combina dos palabras que enriquecen y profundizan el significado. Humilde de corazón, es aquel que acepta su condición de servidor, y por tanto, obediente a quien le ha encomendado realice el servicio, pero no es un servidor obligado o condicionado para servir, sino un servidor que ha aceptado libre y voluntariamente realizar la misión que se le ha pedido. Jesús aceptó de corazón, bien convencido y dispuesto, la misión que le dió su Padre para Encarnarse y Redimir a la humanidad.

Cumple así la profecía de Zacarías: “Alégrate sobremanera, hija de Sión; da gritos de júbilo, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti, justo y victorioso, humilde y montado en un burrito”. Así quiere Jesús que seamos sus discípulos, y desea ayudarnos para aprender a ser como él: mansos y humildes de corazón, servidores que, libremente y con plena conciencia, entreguemos nuestra vida para testimoniar el amor de Dios Padre, y entrar en la intimidad divina, bajo la conducción del Espíritu Santo, propiciando inmensa alegría a la comunidad eclesial.

Jesús no solo está bien dispuesto para acompañarnos en el aprendizaje de lograr ser mansos y humildes de corazón, sino que experimenta una enorme alegría con la respuesta generosa de sus discípulos que buscan imitarlo, y por eso exclama: Te doy gracias Padre porque así te ha parecido bien.

Reconociendo nuestras cargas y fatigas, nuestras responsabilidades y preocupaciones, y acompañados por nuestra tierna Madre, María de Guadalupe, pidamos a su Hijo Jesús nos ayude a ser mansos y humildes de corazón.



Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.


Imágenes y texto propiedad de la INBG. Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe

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lunes, 29 de junio de 2020

Tejido Social DSI Parte 2 Gabriela Fiorentini

Doctrina Social de la Iglesia y sus aportes DSI Parte 1 Walter Moreno

Redes vecinales de Solidaridad, ReVeS TNT Social DSI Parte 3 invitación Carlos Bonilla

Homilía XIII Domingo Ordinario. Cardenal Carlos Aguiar Retes Jun 28, Visión contemplativa.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.


“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt. 10, 37-38).

Al escuchar estas palabras de Jesús, sin duda quedamos sorprendidos y hasta desconcertados. ¿Cómo pide Jesús que lo más preciado, por instinto natural y por designio de Dios Creador, como es el amor a los padres y a los hijos, el amor a la familia de sangre, lo dejemos de lado y demos prioridad a seguirlo? Ciertamente no nos pide que dejemos de amarlos, pero sí que debe ser Él y sus enseñanzas nuestro criterio en la toma de decisiones, en nuestra conducta, y en nuestra vida.

La respuesta es muy sencilla, hemos recibido la vida para realizar la voluntad de Dios Padre, y para descubrir esta voluntad ha quedado señalado el camino, en la vida y en las enseñanzas de Jesús, que están en la Sagrada Escritura. Pero mi vida y mis circunstancias, mi época y mis contextos históricos y culturales son tan distintos a los tiempos en que vivió Jesús, ¿cómo podré escuchar y entender a Jesús?

Ciertamente, el seguimiento como buen discípulo de Jesucristo no consiste en repetir su modo de comer, vestir, viajar, e incluso rezar. Consiste en ser oyente de la Palabra de Dios que es Jesucristo encarnado, y que escuchándolo yo descubra, lo que Dios Padre quiere de mí. Al conocer su voluntad debo aceptarla y cumplirla en todas las circunstancias, independientemente de las consecuencias, que serán unas satisfactorias y otras dolorosas, e incluso injustas. Este aprendizaje de priorizar la voluntad del Padre, implica percibir y confiar en el amor que Dios me tiene, en su presencia constante mediante el Espíritu Santo, que me fortalece ante las circunstancias adversas, incluida la misma muerte.

Jesús, inmediatamente después de pedir seguirlo, afirma: El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. Es decir, quien pretenda poner de manera prioritaria sus intereses, por encima de la voluntad de Dios Padre, perderá su vida; en cambio, quien proceda como él, buscando siempre llevar a cabo la voluntad del Padre, la salvará; porque Jesús es el camino, la verdad y la vida.

Ésta es la afirmación contundente de san Pablo en la segunda lectura. “Hermanos: todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del Bautismo, hemos sido incorporados a su muerte… para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva… Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con Él”.

Esta certeza de la resurrección y participación en la vida eterna, es la convicción que sostiene nuestra fe, y la razón para seguir a Jesús y su enseñanza, de priorizar la voluntad de Dios Padre, haciéndola el faro de luz para la toma de mis decisiones en todos los campos de la vida: personal, familiar, eclesial, laboral, profesional, social, o ejerciendo cualquier tipo de autoridad.

Una clave fundamental para aprender a priorizar la voluntad de Dios Padre, es sin duda, aprender a dejarse conducir, y caminar en el misterio de no saber el resultado de mis esfuerzos; y entonces, seré testigo de la acción de Dios en los demás. Como el profeta, que ejerciendo su misión, un matrimonio le ofrece comida y hospedaje, y Eliseo los bendice, y Dios les concede un hijo, que no habían podido engendrar.

Debemos responder a la voz de Dios, que escuchamos en el texto sagrado, procurando el bien del prójimo, de mi comunidad, el bien de los demás. Así, podremos vivir la experiencia de ser conducidos por el Espíritu Santo, y entrar en el Misterio de Dios. ¿Qué significa entrar en el misterio de Dios?

Es el tránsito de la reflexión humana, que ante una injusticia no encuentra respuesta razonable, y ante el fracaso de un esfuerzo sobrehumano que no encuentra un argumento que explique lo sucedido, se encomienda a Dios mediante la oración, y Dios le regala una visión nueva, una comprensión de los hechos, que jamás imaginó, y que permite al orante, adentrarse en el modo como Dios mira y comprende las situaciones dramáticas y dolorosas, que vive el hombre y la humanidad. A esta experiencia la espiritualidad cristiana la ha llamado visión contemplativa.

Esta visión nueva me libera de la frecuente esclavitud de mi pasado que me reclama mis errores, me libera de la tensión constante ante los desafíos presentes, y me ofrece una manera siempre esperanzadora de avizorar el futuro; todo esto porque voy comprendiendo los proyectos de Dios para mí y para el mundo, voy experimentando una y otra vez, que no estoy solo, y voy descubriendo las inesperadas pruebas del amor de Dios.

Entrar en el misterio de Dios y vivir según la nueva visión que Dios me regala, se manifiesta en la constante disposición para asumir las responsabilidades en favor de mi prójimo, en favor de los más necesitados, en la generosidad de compartir los bienes recibidos de Dios, tanto materiales como espirituales, en la capacidad de brindar ayuda en el momento oportuno; pero sobretodo, en la sabiduría para dialogar y acompañar, para comprender y consolar, para transmitir paz y esperanza.

Algunos pensarán al escucharme que esto es para pocos, sin embargo, el plan de Dios, es que sea para todos sus hijos. Por ello, necesitamos dar a conocer a Jesús, y atestiguar con nuestra conducta, lo que creemos y vivimos. En esto consiste evangelizar, no es simplemente adoctrinar, sino enseñar a vivir, guiados por la luz de la fe, confiando en el Dios que me ama.

Aprendamos de María, que entró en el misterio de Dios, aceptó sus propuestas y asumió sus responsabilidades, con absoluta confianza en su amor. Pidámosle que nos cubra con maternal afecto, nos ayude a saber escuchar a su hijo Jesucristo, y nos acompañe a seguirlo.


Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.

Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.

Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.

Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén


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Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes

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miércoles, 24 de junio de 2020

Somos mexicanos. ¿Somos cristianos?

El P. Padre Ernesto María Caro

¿La política y la Fe no deben convivir?

¿Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?

Muchos catolicos hacen caso de las voces que han buscado mantener alejados de la política a los cristianos, asumiendo muchos el erróneo pensamiento de que la Fe es algo para vivirse de los dientes, de la puerta de la casa y del templo para adentro....

Es tiempo de que todos y cada uno de nosotros los mexicanos nos decidamos. Hemos sido llamados, como CRISTIANOS, a ser "Luz y Sal de este mundo".


NO podemos ver como nuestro país se hunde y nosotros permanecer impávidos, siendo que de nosotros dependen las futuras generaciones y nuestra Iglesia. Es tiempo de tomar una firme resolución en nuestra vida.


El P. Padre Ernesto María Caro

Preparación académica:
• Ingeniero Mecánico y Administrador - UANL
• Estudios de Maestría en Administración de Empresas - ITESM

Preparación sacerdotal:
Seminario Arquidiocesano de Monterrey, N.L., México
Fecha de ingreso: 20/08/1983
Fecha de ordenación: 15/08/1991

Otros estudios:
• Licenciado en Espiritualidad - Universidad Gregoriana (Roma, It)
• Doctorado en Mariología - Universidad Marianum (Roma, It) y en el International Marian Research Institute (Dayton, OH - USA)

Actividades eclesiales:
• Miembro del Tribunal Eclesiástico de Monterrey
• Párroco en la Parroquia de la Santa Cruz
• Profesor del Seminario Arquidiocesano de Monterrey
• Exorcista de la Arquidiócesis de Monterrey

Organizaciones apostólicas:
• Fundador y director espiritual de ARXE Instituto, colegio Católico que busca la excelencia académica y la perfección Cristiana (www.arxe.edu.mx).

• Fundador y director espiritual de Vivir en Cristo, movimiento Católico para la formación de familias extendido actualmente en diversas Diócesis de México y de USA (www.vivirencristo.org.mx).

• Fundador y director de Evangelización Activa, Institución dedicada a difundir la palabra de Dios y a Evangelizar utilizando los medios tecnológicos actuales, así como a la formación de los católicos mediante las escuelas en línea (www.evangelizacion.mx).

•Fundador y director espiritual "Hijas de la Visitación de María" vida consagrada, dedicadas, como María, a llevar la alegría del Evangelio a todo el Mundo (https://www.hvm.org.mx).

martes, 23 de junio de 2020

Sé parte. El poder de cada persona. Cáritas La denuncia profética -proclamar las situaciones de injusticia social-

Les compar

Articulo de CARLOS J. GARCÍA
Carlos J. García
del Diario de Ferrol

Los más veteranos seguro que recuerdan aquello de “tres jueves al año brillan más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión”. Aunque ahora tanto la celebración del Corpus (en el Caso de México tradición que se celebra 60 días después de la Semana Santa, específicamente del Domingo de Resurrección, y es en honor al cuerpo y sacrificio de Jesucristo) como la Ascensión, se han pasado al domingo para adaptarnos al calendario laboral y han perdido la importancia social que tenían y pasan muy desapercibidas fuera del ámbito religioso, como debe ser. 

Esta reflexión que no suene nostálgica, al contrario, porque las fiestas religiosas han de ser íntimas y no sociales, aunque a más de uno le duela reconocerlo y le gustarías seguir viendo aquellas carreras militares rindiendo honores al paso de la procesión; aunque, en muchos pueblos y ciudades siguen siendo fiestas de celebración relevante.

De las tres fechas señaladas hay una, la del Corpus, que tiene, o debería, fuera de la importancia religiosa, gran repercusión social: es el día de la Caridad
Es el día en que Cáritas, “brazo armado” de la Iglesia para la puesta en prácticas del Evangelio, presenta su balance anual ante la sociedad, tanto en la parte económica (importante rendir cuentas) como la extensa y completa memoria explicativa del trabajo realizado a lo largo del año y que cada vez sorprende más por su eficacia. En ella se radiografía nuestra realidad como sociedad, que nos hace daño porque nos dice lo que realmente somos; una sociedad que tira hacia adelante (se supone), no mira hacia atrás y deja tiradas en las cunetas a demasiadas personas con la esperanza de recuperar el ritmo de los demás muy rota. 
Una de las obligaciones de la Iglesia Católica, y que Cáritas lo hace diariamente, es la denuncia profética, que no es otra cosa que proclamar  las situaciones de injusticia social (exclusión, marginación; en definitiva pobreza) y plantea soluciones desde el punto de vista del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.   
Siempre defendiendo a la víctima y ayudando a quienes corresponde corregir que tales situaciones dejen de producirse. Es decir, trabajando por lo que es justo. 
Esta pelea por conseguirlo es lo que diferencia a Cáritas y le da un sello de identidad propio y que reconozco que desde siempre ha molestado, y no solo a la sociedad en general porque a nadie le gusta que le enseñen sus vergüenzas. También a una buena parte de una Iglesia absurda que no sabe a donde va ni que pito toca en el concierto de la vida. 
Les animo a visitar su magnífica sede, a que conozcan su trabajo, lean su memoria y en la medida que puedan, la tengan presente. La necesitamos.

domingo, 21 de junio de 2020

La misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe. 21-Jun-2020

Cómo cambiaría nuestra patria, si todos los católicos estuviéramos evangelizados y conociéramos a Jesucristo y al verdadero Dios que nos ha revelado; cómo mejoraría nuestra sociedad si todos los cristianos reconociéramos a Jesucristo delante de los hombres en cualquier situación de nuestra vida.

  • Ésta es la misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe, y es la razón de su permanente presencia entre nosotros. Con el amor que le tenemos y la confianza que nos suscita, pongamos en sus manos nuestro compromiso de evangelizar a México, reconociendo a Jesucristo delante de los hombres.



“A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”.
Qué significa reconocer y qué significa negar a Jesucristo. El contexto del pasaje explica la afirmación de Jesús teniendo en cuenta la relación de esta vida terrena con la vida eterna; es decir, quien crea y confiese su fe en Jesucristo aquí en la tierra, Jesús le garantiza que él lo hará entrar a la Casa del Padre; pero quien, habiendo recibido el anuncio de la fe no lo acepta en su tránsito por este mundo, Jesús no intercederá para que entre a la Casa del Padre y participe de la vida eterna.
¿Cómo y en qué forma podemos reconocer a Jesucristo delante de los hombres? Antes de responder a la pregunta es necesario clarificar cuál es el Dios en quien yo creo. Una cosa es creer en Dios y otra es creer en el Dios revelado por Jesucristo. El hombre por instinto está inclinado a reconocer que existe un Dios, que nos ha regalado la vida y la casa común donde vivimos: la tierra. Pero ese Dios cada uno lo va imaginando a la medida de sus necesidades, de sus relaciones, de las tradiciones en que nace y crece, y a partir de sus diversos contextos de vida.
Ese proceso natural e instintivo, lleva a conceptualizar a un Dios a mi imagen, un Dios que voy construyendo a la medida de mis necesidades, y que muchas veces finaliza en un Dios Ídolo, un Dios que no existe, un Dios que a pesar de mis súplicas no interviene, y que genera el desenlace de no creer en ese Dios que edifiqué, y no creer que exista un Dios verdadero; o bien desata la sed de búsqueda del verdadero Dios.
El conocimiento del Dios revelado por Jesucristo desencadena una experiencia distinta, sobretodo cuando asumimos los elementos necesarios para conocerlo. ¿Cuáles son estos elementos? Señalaré 4 que son esenciales. Primero, la necesidad de leer y meditar los Evangelios y conocer las enseñanzas de Jesús, realizada y celebrada en comunidad. Aquí entra la vivencia de los Sacramentos.
Segundo, debo acompañar mi meditación de la Palabra de Dios con la experiencia de formarnos y compartir la vivencia de los valores evangélicos: a partir de cómo han sido nuestras respuestas ante la injusticia, el sufrimiento, la discriminación, la pobreza económica; y cómo he descubierto la intervención de Dios en mi vida.
Tercero, debo compartir la experiencia alcanzada con mis semejantes, que encuentre en el camino de la vida. Una transmisión más de experiencia y de testimonio, que de conceptos; aunque ambos son necesarios y complementarios. Esta es la misión de la Iglesia: ser una comunidad de discípulos, que viven, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Cuarto, los pasos anteriores debo acompañarlos con la oración, una oración que me permita presentarle a Dios mi interior, mi corazón, mis inquietudes, mis luchas, mis dificultades; con la actitud que escuchamos en el Salmo 68: A ti, Señor, elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro. Escúchame, Señor, pues eres bueno y en tu ternura vuelve a mí tus ojos. Se alegrarán, al verlo, los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre ni olvida al que se encuentra encadenado.
La experiencia de mi oración me llevará a descubrir la manera cómo Dios me acompaña y sostiene, dándome los dones del Espíritu Santo: Temor de Dios, Piedad, Fortaleza, Ciencia, Inteligencia, Sabiduría, y Consejo.
Con este proceso descubriremos al verdadero Dios, revelado por Jesucristo. Precisamente teniendo esta hermosa y consoladora experiencia, no porque todo salga bien, y en todo tengamos éxito y bueno frutos, que ciertamente se darán y debemos agradecer a Dios por ellos; sino porque también tendremos experiencias desgarradoras y dolorosas en la que nos identificaremos con Cristo crucificado. Sin embargo, viviéndolas así, experimentaremos la fortaleza y la paz interior, que serán el mejor signo de que hemos obrado, como Dios Padre lo quería.
El testimonio valiente y sin temor alguno del Profeta Jeremías en la primera lectura es contundente al manifestar su plena confianza en Dios, ante la infidelidad de los supuestos amigos: “Yo oía el cuchicheo de la gente que decía: ‘Denunciemos a Jeremías, denunciemos al profeta del terror’. Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos, esperaban que tropezara y me cayera, diciendo: ‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos y podremos vengarnos de él’. Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado; por eso mis perseguidores caerán por tierra y no podrán conmigo; quedarán avergonzados de su fracaso y su ignominia será eterna e inolvidable.
Una vida así llevada es sin duda la mejor respuesta a la pregunta inicial: ¿Cómo y en qué forma podemos reconocer a Jesucristo delante de los hombres? Hay que ser fieles a Dios, en todas las circunstancias de la vida, por más adversas y trágicas que sean, porque en el momento de nuestro paso de esta vida terrena Él nos reconocerá y nos conducirá a la casa del Padre, donde nos tiene preparada una morada eterna.
Una experiencia así, facilita entender mejor lo afirmado por san Pablo al final de la segunda lectura: Pues si por el pecado de un solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
Cómo cambiaría nuestra patria, si todos los católicos estuviéramos evangelizados y conociéramos a Jesucristo y al verdadero Dios que nos ha revelado; cómo mejoraría nuestra sociedad si todos los cristianos reconociéramos a Jesucristo delante de los hombres en cualquier situación de nuestra vida.
Ésta es la misión que trajo a nuestras tierras a Nuestra Madre, María de Guadalupe, y es la razón de su permanente presencia entre nosotros. Con el amor que le tenemos y la confianza que nos suscita, pongamos en sus manos nuestro compromiso de evangelizar a México, reconociendo a Jesucristo delante de los hombres.

Señora y Madre nuestra, María de Guadalupe, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común.
Acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria.
Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio, y la constancia en la oración.
Nos encomendamos a Ti, que siempre has acompañado nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen, María de Guadalupe! Amén.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México. 21-Jun-2020
Basílica de Nuestra Señora Virgen María de Guadalupe

Jornada mundial de la Paz .TOMÁS FERNÁNDEZ

Instituida en 1968 por Pablo VI, se celebra mañana la Jornada mundial de la Paz.  Fue y sigue siendo una convocatoria a todos los hombres de...